TA TUNG • ORÁCULOS NYC

TA TUNG • ORÁCULOS NYC
ÁLVARO J. CAVIEDES
TÉCNICA: MULTIPLE EXPOSURE PHOTOGRAPHY
LUGAR: CONFUCIUS PLAZA - CHINATOWN - NEW YORK CITY
AÑO: 2025
EL JUICIO: El Capítulo de la Gran Armonía (Ta Tung)
por Confucio (551–479 a. C.)
Cuando el Gran Principio prevalece, el mundo se convierte en una comunidad en la que los gobernantes son elegidos según su sabiduría y capacidad. Se fomenta la confianza mutua y se cultiva la buena convivencia. Por ello, los hombres no consideran como padres únicamente a sus propios padres, ni tratan como hijos solo a sus propios hijos; se garantiza sustento a los ancianos hasta su muerte, trabajo a los capaces y medios de crecimiento a los jóvenes. Las viudas y viudos desamparados, los huérfanos y los solitarios, así como los enfermos y los discapacitados, reciben un cuidado adecuado. Los hombres tienen sus ocupaciones y las mujeres sus hogares. No les gusta ver la riqueza sin uso, pero tampoco la guardan para su propia gratificación. Desprecian la ociosidad, pero no emplean sus energías en beneficio propio. De este modo, los planes egoístas son reprimidos, y ladrones, bandidos y otros hombres sin ley dejan de existir, y no hay necesidad de que las personas cierren sus puertas exteriores. Esto es la Gran Armonía (Ta Tung).
LA IMAGEN
“Ta Tung” La Gran Armonía es la idea de un mundo en equilibrio profundo. No se plantea como una utopía ingenua ni como un ideal inalcanzable, sino como un estado de conciencia y de organización donde el ser humano vive alineado con la naturaleza, con los otros y consigo mismo. Es una visión de convivencia sin dominación ni exceso, donde la armonía surge de la correspondencia entre todas las partes.
Este pensamiento nace en el cruce entre el Confucianismo y el Taoísmo. Para Confucio, el Ta Tung representaba una sociedad ideal basada en la justicia, el cuidado mutuo y la sabiduría compartida: una comunidad donde el liderazgo se ejerce desde la virtud y la responsabilidad colectiva. Desde la perspectiva del Tao, la Gran Armonía adopta una forma más silenciosa y orgánica: cuando nada es forzado y todo fluye conforme a su propia naturaleza.
El Ta Tung no se concibe como un lugar al que se llega, sino como un estado que se habita. No se alcanza a través de la conquista o la imposición, sino mediante el acto de soltar el control y ejercer poder. Aparece cuando el ego deja de dominar y comienza a escuchar, cuando el individuo recuerda que forma parte de un todo mayor y que su bienestar está intrínsecamente ligado al de los demás.
Su relevancia contemporánea surge en un mundo marcado por la fragmentación. La separación entre cuerpo y mente, humanidad y naturaleza, pasado y presente ha producido una idea de progreso basada en la aceleración constante. Frente a ello, el Ta Tung no propone un crecimiento infinito, sino un retorno consciente: volver a mirar, volver a sentir, volver a habitar el mundo desde la presencia.
En este contexto, el arte se convierte en un umbral hacia la Gran Armonía. No opera desde la explicación ni desde el control, sino desde la revelación y la conexión. En el acto creativo, el artista se disuelve momentáneamente como individuo para convertirse en canal, permitiendo que distintas capas de experiencia, memoria, paisaje, cuerpo, emoción y tiempo entren en resonancia. Es en ese gesto donde la unidad se manifiesta.
Crear, desde esta cosmovisión, puede entenderse como un acto profundamente político, no en términos de poder o dominación, sino de cuidado. El acto creativo resiste la fragmentación al recordar que todo está interrelacionado: luz y sombra, pasado y presente, interior y exterior. Así, el Ta Tung no se presenta como una promesa futura, sino como una práctica viva que comienza en el interior y se proyecta hacia el mundo.
NYC ∞ 2025






